sábado, 18 de agosto de 2007

MONEDAS Y EL PAPEL DE LA BANCA A NIVEL INTERNACIONAL

Las Monedas son una imagen del país que las emite; informa de sus circunstancias en el momento de la acuñación, el régimen político, su idiosincrasia e incluso de su trayectoria histórica, comparando monedas de un mismo país en diferentes épocas.
La política Internacional es un escenario cambiante. Algunos países ya no existen, mientras que nacen otros nuevos. Las monedas son un testimonio de estos hechos.
Aquí se muestra el aspecto de una moneda en circulación de cada país. Es posible que echen en falta algunas pequeñas naciones.

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Monedas Especiales

El sistema bancario: juez y parte.

Hemos intentado acercarnos a uno de los núcleos del sistema económico buscando pistas sobre cómo se crea dinero. Pero la siguiente pregunta es igualmente clave: ¿quién se apropia del dinero inventado?.
Parece que el dinero inventado se distribuye entre los clientes. Pero debemos fijarnos en que el banco cobra unos intereses elevados y prácticamente no paga, ya que está dando crédito con un dinero inventado. Hasta hace poco (y todavía hoy en muchos casos) se remuneraba el ingreso inicial y los saldos de las cuentas corrientes pero a un nivel muy bajo (por ejemplo 1%) en relación a los intereses de los créditos (por ejemplo 17 %).
Pero, además, el banco dispone de una importante masa de maniobra -que no es suya- pero que la disfruta a bajo coste. En definitiva, lo importante del dinero, más que tenerlo, es poder utilizarlo. El banco y los banqueros pueden obtener auto crédito con condiciones muy buenas; pueden favorecer o bloquear determinadas operaciones financieras, especulativas, bursátiles, inversoras...políticas, electorales, culturales... En la medida en que los créditos industriales acostumbran a adjudicarse a los poseedores de patrimonio, favorecen a los propietarios y discriminan a quienes, teniendo buenos proyectos, no tienen nada que hipotecar. Otro beneficiario del aumento del crédito es el banco central. Éste obliga a los bancos a ingresar un porcentaje de los depósitos en su caja sin que prácticamente lo retribuya. Los estados, cuando recurren al banco central para cubrir el déficit público, lo que están haciendo es inventar dinero que, en la medida que no corresponda a un incremento real de la producción, beneficiará a unos ciudadanos -los que reciban este dinero del Estado- en detrimento de los demás, que se verán perjudicados por la inflación.
La mayoría de los libros de introducción a la economía explican, con más o menos detalles, estos procesos. Lo que sorprende de todos ellos es que no hagan comentarios sobre la eficacia y la legitimidad de este sistema bancario de creación de dinero.
En cuanto a la eficacia, la creación de dinero bancario tiene una grave contradicción interna. Por un lado, los bancos intentan crear el máximo de depósitos porque sobre cada nuevo crédito perciben elevados intereses. Y recordemos que, en cambio, el banco casi no retribuye a las cuentas corrientes a la vista, que son el origen. Aquí se da un fenómeno importantísimo por sus repercusiones económicas y sociales. Resulta imposible que los bancos persigan al mismo tiempo el máximo beneficio y el equilibrio económico global. Las autoridades monetarias disponen de un conjunto de mecanismos que intentan frenar el crecimiento de la oferta monetaria y de los multiplicadores cuando el crecimiento de la masa monetaria crea inflación. Pero al ser mecanismos indirectos (aumento de la cantidad de reservas obligatorias, aumento del tipo de interés básico y emisión de bonos del Tesoro) los efectos no son del todo previsibles y, además, afectan a otras variables económicas importantes (inversión, paro...) que no siempre permiten suficiente libertad de acción.
En cuanto a la legitimidad de la creación bancaria de dinero, es un problema que, en general, no se plantea. ¿Por qué la sociedad ha de considerar positivo que, sobre el ahorro común de toda la población, unas cuantas empresas puedan inventar y usar dinero sin que el conjunto de los impositores sean retribuidos proporcionalmente? ¿Por qué dejar en manos de intereses particulares una tarea que tiene unos efectos «económicos» comunes importantísimos, no siempre equilibradores?. Se produce aquí un fenómeno de hiperexplotación muy sutil que no es tan sólo de una clase (capital) sobre otra (trabajo) sino que es de unas pocas personas sobre el conjunto de la sociedad.
Esta sutil explotación, como todas, da poder. Un poder, en este caso, muy especial, que se expresa de muchas maneras y, de entre ellas, hay una que resulta estratégica para la sociedad: el sistema bancario es el responsable de gran parte de la financiación del sistema electoral, es decir, de proveer fondos a los partidos y candidaturas para las elecciones sin otro criterio que el de la «confianza» en alguna opción. Curiosamente, la explicación y cuestionamiento de la legitimidad de estos mecanismos de creación y apropiación de dinero por parte del sistema bancario no acostumbran a aparecer ni en los libros de los economistas ni, aún menos, en los programas electorales.
De hecho, es muy difícil sacar el agua clara sobre el impacto de estos mecanismos en la realidad. A falta de un sistema monetario transparente, la mayoría de posiciones quedan enfrentadas por opiniones y matizaciones diversas. Veamos aquí algunas de ellas.
«Los banqueros, absolutamente todos los banqueros, son los verdaderos creadores de dinero en la actualidad.
Ellos lo saben, pero en forma abstracta: desde hace treinta años la mayoría de economistas han explicado esta realidad; pero, en la práctica diaria, la cosa es tan difusa que los banqueros no la ven clara. Son como el mago sin malicia que sacase conejos de su sombrero y no recordase haberlos puesto...
Los bancos crean dinero igual que los seres humanos piensan: no es necesario quererlo.
Cuando el banquero analiza su balance, constata que existe cierto equilibrio entre los depósitos y los créditos. Pero sabe perfectamente que dichos depósitos no le pertenecen. Si exceptúa los recursos propios del banco... verá, por una parte, unos créditos a sus deudores y, por otra, unas deudas a sus depositantes. Si compara dos balances sucesivos, comprobará que los depósitos y los créditos han aumentado en una cierta cantidad. Esto es todo. El dinero que haya podido crear no puede ser aislado en su balance. El dinero de nueva creación no se diferencia en nada del antiguo, que continúa circulando. Los depósitos se mezclan indisociablemente unos con otros. El conejo no sale del sombrero hasta el momento en que se reúnen todos los balances de todos los bancos en una estadística total: entonces se ve claramente que la cantidad de dinero en circulación ha aumentado... ¿Dónde está el misterio?.
Estriba en el hecho de que el dinero que circula en la actualidad es una deuda...circulante contraída por establecimientos especiales».
«Si decimos a cualquier banquero de la cadena que ha «creado» dinero protestará enérgicamente. Los créditos que él concedió, insistirá, estaban apoyados en un exceso de reservas tan grande como el mismo crédito».
«Los banqueros tienen toda la razón cuando dicen que ellos nunca prestan ni un céntimo más de los que tienen. El dinero no se crea en el proceso de préstamo porque un banco deje más dinero del que tiene. El dinero se crea porque generalmente vosotros y yo nos pagamos mutuamente con cheques que nos dan derecho sobre los bancos de los demás. No se crearía dinero si hiciésemos efectivos todos los cheques que recibimos. Pero no lo hacemos así. Depositamos los cheques en nuestras cuentas corrientes y, al hacerlo, damos a nuestros bancos más reservas de las que necesitan para garantizar los depósitos que tienen. Estos nuevos excesos de reserva hacen que nuestro banco pueda prestar o invertir y, por lo tanto, hacen posible que alguien abra otras cuentas corrientes que vuelvan a generar nuevos excesos de reserva».
«Esto puede dar un poco de miedo. ¿Quiere esto decir que la nueva oferta monetaria se expande indefinidamente a partir de un solo depósito nuevo? ¿No sería esto extremadamente peligroso?».
«Naturalmente, esto sería muy peligroso, pero es imposible que suceda. Después de haber entendido bien cómo un aumento original de depósitos hace aumentar la oferta monetaria, tenemos que entender igualmente bien qué es lo que hace que la expansión permanezca dentro de los límites».
Toda esta compleja argumentación es de una casuística brutal. ¿Cómo puede ser que un mecanismo tan importante, estratégico y poderoso sea tan poco transparente y tan poco exacto; y se deje en manos de los intereses a corto plazo de los bancos?.
La complicación no se acaba aquí, porque aunque en «teoría» el banco central dice que dispone de mecanismos de control, en la práctica no siempre son efectivos. Además, se debe resaltar que hoy existen multitud de formas de «moneda», a parte del papel moneda y del dinero bancario que ya no pueden ser controladas por el banco central. «No hay una línea de demarcación clara, en el seno del conjunto de la liquidez, entre lo que es moneda y lo que no lo es. Sea cual sea la definición que se seleccione para la moneda, esta definición estará envuelta por una miríada de instrumentos, más o menos líquidos, que pueden servirle de sustitutos».
Para intentar poner las bases de la política monetaria no solamente se han de tener en cuenta los billetes y monedas, los depósitos a la vista, los depósitos de ahorro, los depósitos a plazo... sino también los Activos en Manos del Público (ALP) que incluyen una inmensa familia de casi-dinero incontrolable, de papeles que se hacen servir como si fuesen dinero: deuda pública, primas, cesiones temporales, pagarés de empresa... ¡Estos ALP en 15 años en España se han multiplicado casi el 1.400%!.
«Es fácil deducir, de todas las consideraciones anteriores, que no puede existir un control eficaz sobre la invención de dinero.
El resultado inmediato de esta situación es que cada banco, dentro de los condicionamientos más o menos estrechos que le impone el banco central, actúa según sus propias conveniencias. Y no existe una articulación efectiva a nivel de conjunto que permita diseñar estrategias globales para todo el mercado. Las necesidades se atienden empírica y parcialmente, nunca en función de las necesidades del conjunto sino, casi siempre, en favor de los sectores privilegiados de la sociedad».
Hasta aquí hemos tratado el proceso legal de creación de dinero, fruto de la interacción entre emisión del banco central, expansión del crédito de los bancos y uso de cheques y cuentas corrientes de los clientes.
¿No seríamos ingenuos si creyésemos que todo este proceso legal es el único proceso real de invención de dinero? Existe una sensibilidad creciente en el sentido de que el fraude es cada vez más difícil, que las leyes son más duras, que las inspecciones son insobornables. Pero si esto fuera cierto, ¿cómo se explica que el mismo Gobierno español reconozca que en 1989 hay cerca de 9 billones de dinero negro (que representa casi un tercio del Producto Interior Bruto)?. Y no hace falta ir tan lejos. ¿Cuántas empresas tienen doble (o triple) contabilidad?. ¿Y los bancos son, en este ambiente general, una excepción?.
Siempre podemos decir que esto sólo pasa en estas latitudes por la falta de eficacia de los burócratas. pero que, por ejemplo, en los EUA todo esto es imposible. Para quien tenga dudas debe leer el último libro-encuesta de Vance Packard (1989) sobre los ultra ricos americanos. «En realidad, los más ricos fijan, ellos mismos, el montante de sus contribuciones. Como explica un consejero fiscal de la región de Washington, especializado en fortunas establecidas: «Mis clientes deciden la cantidad que quieren pagar al gobierno, y nosotros hacemos lo que haga falta para que sea ésta la cifra». «Nosotros no pagamos impuestos. Sólo los pagan los pequeños -dice la multimillonaria Leona Helmsley». «Conozco personas que son cinco veces más ricas que yo y que alardean de no haber pagado nunca impuestos -confirma M. Sol Price, con una fortuna valorada en 200 millones de dólares».
De forma semejante, a nivel macroeconómico no encontramos partidas claras que sean la creación bancaria de dinero anual ni indicadores de su relación con los depósitos en efectivo realizados. Todo se hace complicado y difícil de calcular para cualquier ciudadano e incluso para cualquier economista que no sea un especialista. Uno de los pocos economistas que dan una importancia fundamental a la creación de dinero es Maurice Allais, Premio Nobel de Economía en 1988: propone que se «devuelva al Estado, es decir, a la colectividad, los ingresos correspondientes a la creación monetaria».«Las rentas de la creación de moneda irían directamente al Estado que podría, así, disminuir los impuestos. La mayor parte, sino la totalidad, del impuesto progresivo sobre la renta podría suprimirse».
Además, el sistema bancario es de hecho un encubridor del juego sucio: el dinero negro (de la economía sumergida), el dinero rojo (de la droga), el dinero sucio (del mundo delictivo) es blanqueado por los bancos. Bajo el secreto bancario se oculta de todo. El caso más claro, pero no el único, es el del blanqueo de dinero rojo generado por el comercio de la droga.